A mediados de Mayo, en pleno apogeo primaveral, unos amigos y yo decidimos visitar el Valle de Alcudia(Ciudad Real), una amplia extensión dominada en su mayor parte por dehesas y pastizales que forman parte de Sierra Madrona y a su vez del conjunto de Sierra Morena, constituyendo la zona de transición entre el sur de la meseta central y el valle del Guadalquivir, siendo regado por ríos como el Tablillas o el Ventillas.

Encaminados hacia dicho lugar, decidimos detenernos en el Puerto de Valderrepisa para admirar el precioso paisaje compuesto por una gran masa de robles melojos, encinares, pinares y presidido por abruptos roquedos que confieren al entorno una gran majestuosidad.

Poco después, subimos el Puerto de Niefla para descender al valle, y en unos instantes divisamos un tendido eléctrico donde varias Cigüeñas habían instalado sus nidos y cebaban a sus polluelos.
Mientras tanto, un grupo de Milanos Negros acreditaba su agilidad en vuelo cuando, una silueta llamó nuestra atención, se trataba de un ejemplar adulto de Ratonero Común de tonos claros.

Era ya mediodía, el sol radiaba con fuerza calentando todo el valle, las temperaturas se elevaban progresivamente con el transcurso de las horas y los toros buscaban la sombra de las encinas, cuando divisamos varias aves que se dirigían hacia nosotros. Al principio parecían buitres pero no, se trataban de jóvenes Alimoches de sublime belleza que, tras sobrevolarnos reiteradamente se posaron junto a una manada de ovejas, mientras los observámos atónitos.

Pastizales y enormes dehesas se extendían a nuestro alrededor, secos por la carencia de agua y ruinosos cortijos constituían los escasos vestigios de civilización.
De súbito, unas poderosas sombras atrayeron nuestra atención, eran Buitres negros, las aves más grandes de Europa y segundas del Mundo.
Con asombro, los contemplamos sorprendidos por su belleza, su majestuosidad y envergadura de casi tres metros, mientras nos sobrevolaban una y otra vez.

Los rayos del sol eran cada vez más intensos pero nadie quería perderse aquel espectáculo, todo un privilegio para la vista.
Tras breves instantes, el cielo se pobló de carroñeras, eran Buitres Leonados deseosos por degustar un apetitoso cadáver animal.

Todo ello nos hizo perder la noción del tiempo y ahora nosotros debíamos buscar algún lugar donde comer y reponer fuerzas ya que la sequedad azotaba nuestras gargantas y el hambre hacía el resto. Contemplamos por última vez la figura del “Gran Negro” y abandonamos el valle para recalar en un precioso merendero cerca de Valderrepisa, donde almorzamos rodeados de un exuberante robledal que nos proporcionó la sombra necesaria para completar el descanso y bebimos de un abundante manantial de aguas frescas y claras.

El sendero hacia el pequeño municipio de Solana del Pino estaba dominado por encinares, robledales, quejigales y algunos pinares, sin olvidar los madroños, majuelos, lentiscos, romeros, tomillos y jaras entre los más representativos; pero lo que más inquieta al visitante es conocer la presencia en éstas sierras del mayor carnívoro ibérico, el Lobo, del que hayamos un excremento en un cruce de caminos que nos hizo extremar la atención.

Hermosos arroyos discurren por éstos valles transportando consigo una amable melodía cuya vegetación de ribera está formada por alisos, zarzas, madreselvas, tamujos etc..

Así llegamos a una pequeña aldea donde reinaban el silencio, la tranquilidad y nos aproximamos a un fresno en cuyo pie había un viejo abrevadero de uso ganadero y en el que diversos animales como el zorro, la gineta, o el gato montés calmaban su sed habitualmente.
Proseguimos nuestro camino hacia Solana del Pino y el Río Robledillo donde vimos algunos cangrejos en sus cristalinas aguas para finalizar el recorrido en el Río Jándula donde aguardamos un buen rato agudizando los sentidos por si el Lince Ibérico decidía mostrarse. Estaba ya atardeciendo, todo parecía tranquilo, cuando un cárabo irrumpió en el ambiente con su peculiar sonido y repentinamente una familia de jabalíes apareció entre la vegetación lo cual fue muy grato a ojos del espectador.

Y así llegó la noche y regresamos a nuestros hogares, y dormimos como en una nube donde, la gran silueta del Buitre Negro se erguía ante nosotros…

RAIMUNDO GOMEZ RICO